Por AMADF
1. Entendiendo nuestros sentimientos
Vivir una relación BDSM es algo maravilloso, porque nos
permite entrar en contacto con sentimientos muy profundos de nosotros mismos,
con una parte casi primitiva de nuestra personalidad: poseer o ser poseído casi
con un instinto animal. En estos momentos, sentimos la excitación correr por
las venas al oír, oler y sentir la sumisión o la dominación con todos
nuestros sentidos.
Se establece una conexión muy intensa en la comunión de una
sesión. Esto sucede en parte por la transparencia que comparten los compañeros
estables, lo que les permite dar y recibir del otro aquello que a cada uno le
hace falta. Comparten la alegría de ser el centro de atención del otro y se
complementan.
En este remolino de sentimientos, de auto descubrimiento de
uno mismo y del otro, es normal que se despierten sensaciones tuertísimas,
inmensas, e insospechadas. Debemos estar atentos, porque, sobre todo cuando hay
un rompimiento, muchas veces las imágenes y sentimientos se magnifican: amor,
desilusión, odio u ira, cualquiera de ellos puede florecer a la luz de una
separación.
Tal vez lo primero que haya que pensar es que ni en el mundo
"vainilla" todos los romances terminan en boda, ni todas las bodas
duran 50 años. Lo mismo pasa con las relaciones BDSM. Aunque sería fantástico
que así sucediera, de las cientos o miles de relaciones que se inician cada
día en el mundo, sólo unas cuantas, muy pocas, llegan a establecerse como
parejas formales, y aún de las que lo hacen, no todas permanecen.
Todas las relaciones inician con el mejor deseo de ambas
partes, pero algunas de ellas terminarán, y probablemente es una buena señal
de que estamos más cerca de lo que buscamos. Es una buena oportunidad para
preguntarnos qué es lo que realmente necesitamos. A veces definir qué es lo
que se busca es difícil, sin embargo, al terminar una relación podemos hablar
de lo que no queremos, y eso es ya un gran avance. Es un gran paso que nos
evitará perder nuestro objetivo y nos mantendrá lejos de vivir cosas que no
son de nuestro agrado o que no estamos preparados para vivir.
Es triste cuando una relación BDSM se acaba, pero si en una
relación vainilla la compatibilidad de caracteres es importante, en el BDSM es
vital, porque de no ser así ninguno de los dos estaría a gusto, y los sueños
y necesidades de ambos se verían frustrados.
En medio del intenso remolino de sensaciones que se
despiertan en una relación estable de sumisión-dominación, es fácil
confundir la pasión y el bienestar de una sesión, con amor, sobre todo cuando
son jugadores nuevos. Es quizá un poco más frecuente que los sumis@s caigan
enamorados del dominante tras las primeras sesiones. Pero también pasa en los
dominantes.
Es totalmente normal sentir cosas por nuestros compañero de
juego, sea o no nuestra pareja estable. Compartir algo tan profundo crea lazos
muy fuertes. Estos sentimientos son quizá una excelente señal de que tanto el
dominante como el sumiso se sienten cómodos uno con el otro, que hay buena
comunicación y que disfrutan de las mismas cosas, que se han mostrado tal cual
y que ha surgido un excelente ritmo en una sesión.
Cuando se vive todo esto nos sentimos como volando en las
nubes y los "siempre" y los "nunca" y los "tantos"
envenenan nuestro sentidos. "nunca encontraré otro como el (ella) ";
"siempre lloraré por el (ella)", "me hace tanta falta",
"me conocía tan bien", "daría todo por ser la mujer (el hombre)
de su vida" o "era mi otra mitad perfecta"
Es normal sentir tristeza tras la separación. Sin embargo,
habría que preguntarse, si eso que sentimos, además de la tristeza propia del
momento, no es una mezcla de cosas a veces no tan evidentes y que poco tiene que
ver con el BDSM: el miedo a quedarse solo, a no poder explorar estos juegos con
alguien más, a no encontrar nadie compatible, o a pensar que esta era una
oportunidad irrepetible para uno mismo.
Debo confesar que yo misma he pasado en un par de ocasiones
por estos baches y en esos momentos el sentimiento era del sueño roto: la casa,
el calabozo y el amor perdidos para siempre.
Me costó mucho esfuerzo dejarl@s ir, liberarme de mis
propias limitaciones, de mis propios estereotipos de cómo debería ser mi vida.
Mirando muy dentro me encontré que ese deseo de aferrarse, además de un
corazón roto, era el miedo a quedarme sola, a pensar que nunca encontraría
alguien igual, que me llenara tanto.
2. Hacer balance, ser valiente y ampliar y soltar el
trapecio
Creo firmemente que tras una ruptura, el primer trabajo es
interior. En mi caso requirió un gran esfuerzo ser valiente y amable conmigo
misma y desprenderme de esos rencores, miedos y a veces hasta celos y poder ver
ese tiempo que compartimos juntos como una bendición, como un tiempo hermoso en
el que aprendí muchas cosa, en el que experimenté sensaciones nuevas y abrí
un pasadizo a mi interior que me descubrió paisajes in imaginados.
A pesar de que esas personas no están hoy conmigo, las
experiencias, las sensaciones, lo aprendido y lo vivido están muy dentro. Lejos
de olvidarlas, sonrío cuando las recuerdo como una muestra de que lo que busco
sí existe.
Un corazón roto tarda tiempo en sanar. Una pérdida
emocional (o lo que consideras como pérdida) requiere de mucha paciencia con
uno mismo y tiempo, sobre todo tiempo para sanar.
Como dije anteriormente, creo que en estas situaciones hay
que ser valientes y ver la vida como si fuéramos trapecistas: el único modo de
continuar es aventarte al vacío y morir por un momento... para después tomar
el siguiente trapecio y avanzar a la meta.
Empiezo a sospechar que vivir las relaciones BDSM es un poco
una cuestión de fe en nosotros y en que sí es posible encontrar lo que
buscamos. Es necesario darnos cuenta lo que hemos crecido en este tiempo, y
compararlo por ejemplo, con el inicio de esa relación para poder alegrarnos por
lo aprendido.
Al hacer este balance, es importante pensar de todo lo que no
sabíamos en ese entonces, y de lo mucho que no habíamos descubierto de
nosotros. Si a pesar de esto sonreímos tanto y pasamos tan bellos momentos, con
todo lo que ahora sabemos, con estas las nuevas capacidades y las enseñanzas de
tu propio cuerpo y del otro, lo que sigue sin duda será mejor. Recuerdo haber
pensado "apenas puedo esperar a cómo será mañana ahora que sé tantas
cosas nuevas".
El mañana nos ofrece cosas distintas, y estas entre estas
opciones maravillosas, está el hecho de que podemos compartir cosas con otras
personas. Estoy segura que parte de la estrategia para superar una separación,
es ampliar nuestro panorama de posibilidades, en vez de cerrarnos a los
criterios que usamos con nuestr@ anterior compañero.
Al interactuar con alguien diferente, abro las puertas a
cosas que ahora ni imagino. En esos momentos, agradezco no ser capaz de ver ni
modificar el futuro, porque así, éste está libre de mis propias
manipulaciones: de los "nunca" de los "siempre" y de los
"tantos" de la relación anterior. Limpiarse por dentro es un trabajo
interno que lleva su tiempo, pero que sin duda, vale la pena.
Ninguna relación es igual a otra y por ello, de mi parte,
debo estar list@ para comenzar de cero. No hay nadie igual a él (o a ella), y
si sigo buscando con ese molde, nunca voy a encontrar nada más que un pálido
reflejo.
Si yo me doy la oportunidad de convivir con gente distinta,
con gustos distintos, y libre del molde dejado por el otr@, puedo encontrar que
me gustaban cosas distintas a las que yo pensaba y que mi espectro de
conocimientos cambia y se enriquece. Al hacerlo, me doy cuenta que puedo tener
un compañero al que no le gusten las mismas cosas que a mi (o a mi ex). Este es
un proceso en el que superamos nuestros propios tabúes de que sólo podemos ser
felices si nuestro compañero cumple con determinados requisitos.
Hay que pensar que NO hay nadie perfecto, ni igual a ti. Hay
que vivir con las diferencias, hay que aprender a CONVIVIR con las diferencias.
Hay que aprender a negociar, con el corazón limpio, sin los escombros de
nuestro pasado.
Si en aquellos momentos de tribulación me hubieran
preguntado, cómo quería mi siguiente relación, hubiera dicho: "con los
mismos ojos, con la misma boca, con la misma risa y con los mismos gustos del
que se fue". Sin embargo, y para mi favor, eso no sucedió.
Tomando valor y después de mucho pensarlo, dejé ir todo
aquello, tratándome de convencer de que lo que seguía sería mejor y de que
trataría de aprender todo lo que la vida quisiera enseñarme, a través de
nuevas formas, nuevas personas y nuevos aires.
Y con el tiempo.... lo imaginable pasó y llegó otr@, con
otros ojos, con otros gustos, con un fluir distinto que me hizo sonreír. Con el
tiempo llegaron otr@s más y junto con ell@s, una serie de bendiciones y
enseñanzas nuevas, que hasta el aliento me quitaron :) y que guardo con mucho
cariño y respeto con quienes compartieron su alma y su cuerpo tan honesta y
profundamente conmigo.
Buscar ese otro que pueda (o quiera) entregarte su corazón
requiere mirar muy dentro de uno mismo, ser valiente y soltarse del trapecio, de
los "nunca" y de los "tantos", de la idea de que el futuro
tiene que ser con una relación tan cual está con esa persona, que nada podrá
ser mejor a lo que estábamos, o bien de que el final feliz para ambos significa
que permanezcan unidos de esa forma.
De otro modo, caemos en una trampa y buscamos algo sólo para
llenar un espacio y no por el deseo de compartir. En mi caso estuve tan ansiosa
que pasara, que sin pensarlo sacaba mentalmente el vestido de novia, el látigo
y el plato para perro en cada cita. Los resultados fueron dolorosos: un corazón
roto en cada prospecto.
Nadie sabe lo que vendrá y ningún momento es igual al otro.
El futuro podría tener momentos fantástico con la misma persona pero desde
otro tipo de relación, podría ser también que nuestro compañero ideal esté
a la vuelta de la esquina, y puede ser que en el camino descubramos tantas cosas
que no nos importe estar sólo o acompañando. Sólo falta que tengas fe, que
seas valiente para saltar del trapecio y descubrirlo.
AMADF
Este artículo es material original de AMADF
escrito para SADOMEXICO. Se prohíbe su reproducción sin citar su autor
y el link de SADOMEXICO.